Una ola de histeria recorre
Argentina. Los rumores de saqueos a los comercios inundan los
telediarios, a pocas horas del primer aniversario de la caótica
salida de Fernando de la Rúa de la presidencia. Mientras el
Gobierno de Eduardo Duhalde intenta calmar las aguas, los
comerciantes de las zonas pobres compran armas para defenderse.
Las autoridades temen que las manifestaciones convocadas para
recordar el cacerolazo que expulsó a De la Rúa acaben en
revueltas. Los organizadores, por su lado, advierten sobre la
represión policial, como la que se cobró 33 vidas en diciembre
pasado.
Juan José Álvarez, ministro de Justicia y Seguridad
de Argentina, visitó España y expuso sus ideas acerca de este
tema candente.
Pregunta. ¿Puede haber revueltas en el aniversario de la renuncia
de De la Rúa?
Respuesta. Mire, no tengo un pronóstico dramático, pero sí tengo
la obligación de estar prevenido y he tomado los recaudos para
evitar que haya violencia.
P. Hay denuncias de saqueos incitados por sectores políticos.
R. Puede haber a quien le interese generar caos, pero esos
sectores son absolutamente minoritarios. Actuamos de forma
preventiva, distribuyendo alimentos en las zonas más pobres.
Además, los grupos piqueteros [parados que reclaman subsidios y
alimentos] han dicho que van a protestar en paz.
P. ¿Argentina se ha transformado en un país inseguro?
R. Hoy no estamos en el paraíso, pero sin duda estamos mejor que
a principios de año. Pusimos en marcha un cerrojo alrededor de la
ciudad de Buenos Aires, para controlar la delincuencia, y está
funcionando muy bien.
P. Pero los problemas continúan.
R. Por supuesto que hay problemas, pero la situación se ha
tranquilizado bastante. Le cuento una confidencia: lo único que
me preguntaban en enero los empresarios, los embajadores y los
corresponsales extranjeros era cuándo comenzaba la guerra civil,
la escalada final de la violencia. Eso finalmente no ocurrió, y
no es poca cosa haberlo evitado.
P. ¿Cómo se maneja con una policía a veces cuestionada por la
misma población?
R. No es nada fácil. Todos los días tengo el desafío de resolver
los problemas sobre la marcha, con la policía en las calles. Los
argentinos resolvimos el problema militar, bien o mal, con los
militares dentro de los cuarteles. Con la policía no se puede
hacer lo mismo, porque juega el Boca Juniors o porque hay un
accidente. ¡No la podemos cerrar cuatro días ni para hacer
inventario!
P. Hay quienes reclaman que los militares actúen en temas de
seguridad.
R. Eso está prohibido por la ley. Además, la gente no piensa ese
papel para los militares.
P. ¿Cree que hay que modificar la policía?
R. Creo que no hay que tomar una actitud negociadora con la
policía frente a una sospecha de corrupción. El policía que sea
descubierto en una actitud deshonesta tiene que ser apartado
inmediatamente.
P. Necesita poder político para hacer eso.
R. Lo mío es simple, si no me escuchan, yo me voy del cargo. Pero
les digo a los jefes policiales que ellos se marchan
conmigo.
Juan Jose Alvarez
martes, 21 de mayo de 2013
Definen el nuevo plan para combatir la inseguridad
Los gobiernos nacional y bonaerense
salieron hoy a mostrar juntos a dos de los principales
funcionarios del área seguridad y anunciaron la consolidación de
operativos conjuntos entre las fuerzas de ambas
jurisdicciones.
El encuentro fue entre el secretario de Seguridad de la Nación, Norberto Quantin, y el ministro del área a nivel provincial, Juan José Alvarez.
"Trabajamos juntos, no hay diferencias, no hay discordias, no hay celos, queremos inculcar en la fuerzas ese espíritu de colaboración", señaló Quantin.
Efectivamente, como ocurrió con otros encuentros, hubo aquí una clara intención de mostrar juntas a las autoridades nacionales y bonaerenses, en la búsqueda por dejar atrás la polémica entre funcionarios de las distintas jurisdicciones, a partir de las críticas del presidente Néstor Kirchner y del ministro de Justicia, Gustavo Beliz.
Quantin consideró que "trabajar en forma discrepante sería estúpido de nuestra parte, sería condenarnos nosotros mismos al fracaso".
"No podemos pensar que de un lado y de otro de la (avenida) General Paz o del Riachuelo puede haber una policía y un nivel de seguridad distinto" del otro, agregó el funcionario nacional. Por su parte, Alvarez dijo que se procura la "complementación de las fuerzas federales que ya están trabajando en el territorio de la provincia de Buenos Aires".
También señaló que esa tarea será consolidada para un mejor resultado.
"Lo podemos hacer en una forma más coordinada y ordenada para aprovecharla mejor, concretamente debiera haber fuertes operativos conjuntos".
Quantin cerró el encuentro proponiendo trabajar "unidos y coordinados", y propuso "distribuir bien" los gastos para los materiales que necesitan las fuerzas de seguridad.
El encuentro fue entre el secretario de Seguridad de la Nación, Norberto Quantin, y el ministro del área a nivel provincial, Juan José Alvarez.
"Trabajamos juntos, no hay diferencias, no hay discordias, no hay celos, queremos inculcar en la fuerzas ese espíritu de colaboración", señaló Quantin.
Efectivamente, como ocurrió con otros encuentros, hubo aquí una clara intención de mostrar juntas a las autoridades nacionales y bonaerenses, en la búsqueda por dejar atrás la polémica entre funcionarios de las distintas jurisdicciones, a partir de las críticas del presidente Néstor Kirchner y del ministro de Justicia, Gustavo Beliz.
Quantin consideró que "trabajar en forma discrepante sería estúpido de nuestra parte, sería condenarnos nosotros mismos al fracaso".
"No podemos pensar que de un lado y de otro de la (avenida) General Paz o del Riachuelo puede haber una policía y un nivel de seguridad distinto" del otro, agregó el funcionario nacional. Por su parte, Alvarez dijo que se procura la "complementación de las fuerzas federales que ya están trabajando en el territorio de la provincia de Buenos Aires".
También señaló que esa tarea será consolidada para un mejor resultado.
"Lo podemos hacer en una forma más coordinada y ordenada para aprovecharla mejor, concretamente debiera haber fuertes operativos conjuntos".
Quantin cerró el encuentro proponiendo trabajar "unidos y coordinados", y propuso "distribuir bien" los gastos para los materiales que necesitan las fuerzas de seguridad.
Límite , por Horacio Verbitsky
El asedio a la Legislatura por un minúsculo grupo que impidió la
sesión, rompió y quemó las puertas de acceso, no dejó vidrio sano
y retuvo como rehenes durante horas a sus trabajadores, marca un
límite que el gobierno nacional no debería ignorar, sin grave
riesgo para su futuro.
Se iban a tratar las enmiendas al Código de Convivencia promovidas por el hombre de negocios dudosos Mauricio Macri. Su proyecto confunde contravenciones con delitos, promueve soluciones violentas para conflictos vecinales, devalúa la libertad de los pobres. Con toda razón, muchos afectados procuraban hacer reflexionar a los legisladores. Sobre estos reclamos se montaron las microfracciones de la paleoizquierda, que sueñan con la toma del Palacio de Invierno. Como cada vez convocan a menor número han incrementado la audacia de sus acciones. El más silencioso y pensante de sus líderes decidió prenderle fuego a la sede de Repsol y la escalada que se inició esa tarde no cesa. Desprecian el marco institucional y desearían tirarlo abajo para construir una república democrática popular del área de una manzana, que es su máximo horizonte.
El gobierno nacional definió una política sagaz y decente: no reprimir. Pero esto requiere una planificación y una ejecución en el terreno, cuya ausencia es tan funcional a los intereses creados que detestan a este gobierno imprevisto como la previsible provocación trotskysta. En el verano de 2001/2 creían que el poder estaba al alcance de la mano. La movilización no era de centenares sino de decenas de miles de personas. El secretario de Seguridad Juan José Alvarez definió una política: disuadir por el número de efectivos, el vallado y la prevención. Con buena información (obtenida por el diálogo directo con los manifestantes antes que por la infiltración de inteligencia) y control político inflexible sobre una fuerza de seguridad a la que no se le permitía el uso de armas letales, consiguió atravesar esos tórridos meses sin víctimas que ensombrecieran más aún al país. Su minimalismo no recibió el reconocimiento que merecía.
Hoy la contención no violenta debería ser mucho más fácil, por la soledad en que se mueven los adoradores del fuego. Pero la escandalosa ineficacia de la Secretaría de Seguridad convierte cada manifestación en una ruleta rusa y encierra al gobierno en un dilema con dos términos perdedores: los del descontrol o la muerte. Norberto Quantín y José María Campagnoli hicieron un buen trabajo como fiscales de la ciudad Buenos Aires. No les da para más y cada día se les nota más. La incapacidad de ese equipo es una bendición para quienes, como dice el presidente Kirchner, quieren inviabilizar su gobierno. Ayer se vio que pueden lograrlo. El tiempo no sobra.
Se iban a tratar las enmiendas al Código de Convivencia promovidas por el hombre de negocios dudosos Mauricio Macri. Su proyecto confunde contravenciones con delitos, promueve soluciones violentas para conflictos vecinales, devalúa la libertad de los pobres. Con toda razón, muchos afectados procuraban hacer reflexionar a los legisladores. Sobre estos reclamos se montaron las microfracciones de la paleoizquierda, que sueñan con la toma del Palacio de Invierno. Como cada vez convocan a menor número han incrementado la audacia de sus acciones. El más silencioso y pensante de sus líderes decidió prenderle fuego a la sede de Repsol y la escalada que se inició esa tarde no cesa. Desprecian el marco institucional y desearían tirarlo abajo para construir una república democrática popular del área de una manzana, que es su máximo horizonte.
El gobierno nacional definió una política sagaz y decente: no reprimir. Pero esto requiere una planificación y una ejecución en el terreno, cuya ausencia es tan funcional a los intereses creados que detestan a este gobierno imprevisto como la previsible provocación trotskysta. En el verano de 2001/2 creían que el poder estaba al alcance de la mano. La movilización no era de centenares sino de decenas de miles de personas. El secretario de Seguridad Juan José Alvarez definió una política: disuadir por el número de efectivos, el vallado y la prevención. Con buena información (obtenida por el diálogo directo con los manifestantes antes que por la infiltración de inteligencia) y control político inflexible sobre una fuerza de seguridad a la que no se le permitía el uso de armas letales, consiguió atravesar esos tórridos meses sin víctimas que ensombrecieran más aún al país. Su minimalismo no recibió el reconocimiento que merecía.
Hoy la contención no violenta debería ser mucho más fácil, por la soledad en que se mueven los adoradores del fuego. Pero la escandalosa ineficacia de la Secretaría de Seguridad convierte cada manifestación en una ruleta rusa y encierra al gobierno en un dilema con dos términos perdedores: los del descontrol o la muerte. Norberto Quantín y José María Campagnoli hicieron un buen trabajo como fiscales de la ciudad Buenos Aires. No les da para más y cada día se les nota más. La incapacidad de ese equipo es una bendición para quienes, como dice el presidente Kirchner, quieren inviabilizar su gobierno. Ayer se vio que pueden lograrlo. El tiempo no sobra.
Alvarez, un dirigente dialoguista, frontal y experto en seguridad
Durante el último año se llamó a
silencio y optó por el bajo perfil. Ahora, a un paso de ocupar la
Secretaría de Seguridad porteña, y luego de la tragedia en el
boliche República Cromagnon que ya se cobró 187 vidas, el
diputado nacional Juan José
Alvarez (PJ-Buenos Aires) regresa a un lugar de
máxima exposición pública.
Ubicado en una de las últimas filas en el recinto de la Cámara baja, Alvarez no pronunció muchos discursos desde que asumió su cargo por el PJ en diciembre de 2003, como parte del llamado "tren fantasma", frase con la que la oposición identificó a las viejas figuras de la política que llegaron a la Cámara y desilusionaron a quienes esperaban nuevas caras, luego de la crisis de 2001 y del "que se vayan todos".
Alvarez conoce bien la cartera de Seguridad, que comenzaría a manejar en las próximas horas. De perfil dialoguista y a la vez frontal, entre el 25 de octubre y el 23 de diciembre de 2001 fue secretario de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, durante la administración del entonces gobernador Carlos Ruckauf, gestión signada por los saqueos que conmovieron al país.
Se lo acusó de conducir una policía ineficaz, pero él se defendió con su estilo: "Prefiero que se pierdan latas de tomates y no vidas humanas", respondió.
El 24 de diciembre de 2001 el funcionario fue elegido por el fugaz presidente Adolfo Rodríguez Saá para la Secretaría de Seguridad Interior, cargo en el que fue confirmado más tarde por el ex primer mandatario Eduardo Duhalde, su padrino político.
Desde esa función, Alvarez coordinó el operativo conjunto de las fuerzas de seguridad montado alrededor del puente Pueyrredón, el 26 de junio de 2002, para contener una protesta piquetera.
Ese día, la marcha terminó con la muerte de los piqueteros Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, militantes del Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) Aníbal Verón, que obligó a Duhalde a acortar seis meses su mandato presidencial.
Moderado
El 10 de julio de ese año fue premiado por su mentor y juró como ministro de la unificada cartera de Justicia y Seguridad. Esquivo a la hora de las definiciones políticas (no se considera ni partidario de la "mano dura" ni "garantista"), Alvarez acompañó a Duhalde hasta el final de su mandato y volvió al Ministerio de Seguridad provincial de la mano del gobernador Felipe Solá, en septiembre de 2003, en reemplazo de Juan Pablo Cafiero.
"Hay policías buenos y policías malditos", declaró un mes después de asumir, cuando la política gubernamental de depuración policial que defendía comenzó a mostrar su ineficacia y a recoger descontento en las fuerzas de seguridad.
El ex ministro de Justicia Gustavo Beliz había calificado por esos días de "gravísima" la situación de inseguridad en la provincia y preparaba el plan de seguridad anunciado en la Casa de Gobierno en abril de 2004, sin concreción efectiva.
"Los lemas de mi gestión son idoneidad y transparencia", afirmó luego este abogado, egresado de la UCA. Primer intendente del partido bonaerense de Hurlingham (entre 1995 y 1998, y desde 1999 hasta 2001), y alguna vez cercano a Carlos Menem, Alvarez forjó un fuerte vínculo político con otros dos jefes comunales de extracción duhaldista: Alberto Balestrini (La Matanza) y Julio Alak (La Plata), con quienes formó un polo de poder independiente dentro del PJ, conocido como "Los tres mosqueteros".
Integrante de las comisiones de Legislación General, Asuntos Constitucionales, Comunicaciones e Informática, Juicio Político y Transportes, desde que asumió en Diputados presentó sólo nueve proyectos, según datos extraídos de la página web de la Cámara baja.
Ahora, a los 50 años, este hincha fanático de River Plate que suele jugar de arquero en improvisados picados con sus amigos tendrá que utilizar sus reflejos, experiencia y cualidades de negociación para delimitar cuidadosamente las políticas que utilizará para poner paños fríos sobre el dolor y la furia de una sociedad sacudida por la tragedia.
Ubicado en una de las últimas filas en el recinto de la Cámara baja, Alvarez no pronunció muchos discursos desde que asumió su cargo por el PJ en diciembre de 2003, como parte del llamado "tren fantasma", frase con la que la oposición identificó a las viejas figuras de la política que llegaron a la Cámara y desilusionaron a quienes esperaban nuevas caras, luego de la crisis de 2001 y del "que se vayan todos".
Alvarez conoce bien la cartera de Seguridad, que comenzaría a manejar en las próximas horas. De perfil dialoguista y a la vez frontal, entre el 25 de octubre y el 23 de diciembre de 2001 fue secretario de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, durante la administración del entonces gobernador Carlos Ruckauf, gestión signada por los saqueos que conmovieron al país.
Se lo acusó de conducir una policía ineficaz, pero él se defendió con su estilo: "Prefiero que se pierdan latas de tomates y no vidas humanas", respondió.
El 24 de diciembre de 2001 el funcionario fue elegido por el fugaz presidente Adolfo Rodríguez Saá para la Secretaría de Seguridad Interior, cargo en el que fue confirmado más tarde por el ex primer mandatario Eduardo Duhalde, su padrino político.
Desde esa función, Alvarez coordinó el operativo conjunto de las fuerzas de seguridad montado alrededor del puente Pueyrredón, el 26 de junio de 2002, para contener una protesta piquetera.
Ese día, la marcha terminó con la muerte de los piqueteros Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, militantes del Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) Aníbal Verón, que obligó a Duhalde a acortar seis meses su mandato presidencial.
Moderado
El 10 de julio de ese año fue premiado por su mentor y juró como ministro de la unificada cartera de Justicia y Seguridad. Esquivo a la hora de las definiciones políticas (no se considera ni partidario de la "mano dura" ni "garantista"), Alvarez acompañó a Duhalde hasta el final de su mandato y volvió al Ministerio de Seguridad provincial de la mano del gobernador Felipe Solá, en septiembre de 2003, en reemplazo de Juan Pablo Cafiero.
"Hay policías buenos y policías malditos", declaró un mes después de asumir, cuando la política gubernamental de depuración policial que defendía comenzó a mostrar su ineficacia y a recoger descontento en las fuerzas de seguridad.
El ex ministro de Justicia Gustavo Beliz había calificado por esos días de "gravísima" la situación de inseguridad en la provincia y preparaba el plan de seguridad anunciado en la Casa de Gobierno en abril de 2004, sin concreción efectiva.
"Los lemas de mi gestión son idoneidad y transparencia", afirmó luego este abogado, egresado de la UCA. Primer intendente del partido bonaerense de Hurlingham (entre 1995 y 1998, y desde 1999 hasta 2001), y alguna vez cercano a Carlos Menem, Alvarez forjó un fuerte vínculo político con otros dos jefes comunales de extracción duhaldista: Alberto Balestrini (La Matanza) y Julio Alak (La Plata), con quienes formó un polo de poder independiente dentro del PJ, conocido como "Los tres mosqueteros".
Integrante de las comisiones de Legislación General, Asuntos Constitucionales, Comunicaciones e Informática, Juicio Político y Transportes, desde que asumió en Diputados presentó sólo nueve proyectos, según datos extraídos de la página web de la Cámara baja.
Ahora, a los 50 años, este hincha fanático de River Plate que suele jugar de arquero en improvisados picados con sus amigos tendrá que utilizar sus reflejos, experiencia y cualidades de negociación para delimitar cuidadosamente las políticas que utilizará para poner paños fríos sobre el dolor y la furia de una sociedad sacudida por la tragedia.
Juan José Alvarez asumiría mañana como secretario de Seguridad porteño
El diputado justicialista Juan José
Álvarez tiene previsto asumir como secretario de
Seguridad de la ciudad de Buenos Aires mañana a las 17,
confirmaron fuentes cercanas al legislador.
Álvarez pasará así a ocupar el cargo que dejó vacante por renuncia Juan Carlos López, tras la tragedia de República Cromañón que le costó la vida a 188 personas.
Álvarez tendrá además como colaborador en el área a Diego Gorgal, un especialista en el área de Seguridad, quien ya lo acompañó en su gestión en la provincia de Buenos Aires.
Álvarez pasará así a ocupar el cargo que dejó vacante por renuncia Juan Carlos López, tras la tragedia de República Cromañón que le costó la vida a 188 personas.
Álvarez tendrá además como colaborador en el área a Diego Gorgal, un especialista en el área de Seguridad, quien ya lo acompañó en su gestión en la provincia de Buenos Aires.
Juanjo Alvarez: "El Estado no cumplió con su tarea"
—A usted, Juanjo
Alvarez, le tocó capear varias crisis en temas
de seguridad: en la Provincia, en Nación, ahora la Ciudad...
—No digamos capear, es muy petulante. Lo que sí es cierto es que me tocó hacerlo...
—¿Qué cosas cree que hizo bien en todas estas crisis?
—Enfrentarlas.
—¿Pudo cambiar algo?
—Creo que sí. Como dice Henry Kissinger, los gobiernos que resuelven crisis son los menos reconocidos porque no se sabe de qué nos salvaron ¿Quién va a reconocer el hecho heroico de que, a lo mejor, un inspector municipal nos salvó de un tema como la desgracia ésta de Once, hace un año? Nadie, hasta que pasa una cosa así.
—¿Lo sorprendió la llamada de Ibarra?
—Sí.
—¿Cómo evalúa lo ocurrido en Once?
—Obviamente, un hecho de esta magnitud se produce cuando converge más de una cuestión y entre las cosas que convergieron es la falta de control por parte del Estado.
—¿Hubo responsabilidad del gobierno de la Ciudad..?
—Creo que el Estado no cumplió con su tarea y cuando el Estado no cumple es responsable. Alguien puede decir: bueno, si no hubieran tirado una bengala... Es cierto. Pero lo que también es cierto es que es una responsabilidad por acción o por omisión y eso no se le puede permitir a un Estado.
—¿Se puede inferir, entonces, que hay una responsabilidad concreta de su flamante jefe, de Ibarra?
—No se puede inferir eso. Lo que yo digo es que el Estado debía haber controlado y no controló. Si el Estado no controla como corresponde, las posibilidades de que sucedan hechos desgraciados —ni hablemos de esta magnitud— son mucho más altas.
—Una de sus primeras reacciones, tras su designación, fue consultarlo con Kirchner, ¿por qué?
—Porque me pareció que un cargo de estas características, en este momento, debía contar con el conocimiento del Presidente de la Nación. Necesitaba, obviamente, contar con todo el apoyo político.
—La ronda de consultas también incluyó a Mauricio Macri, con quien usted tiene buena relación...
—Sí, le comenté que esto era lo que me habían ofrecido y que esto es lo que iba a aceptar. No lo llamaría ronda de consultas.
—¿Fue sólo eso?
—No puede ser otra cosa. Mi relación con él no da para que sea de otra manera. Yo tengo mi carrera política hecha en el peronismo de Buenos Aires.
—Tuvo apenas 48 horas para presentar su plan de seguridad ¿Se puede hacer esto con una Ciudad que por población y presupuesto es casi un país?
—Hay cuestiones que son de línea general. Después, otras que tienen que ver con el sentido común y luego hay otras cuestiones sobre las que, aun los que me critican, saben que alguna experiencia en el tema tengo. Por eso me resulta menos difícil elaborar un curso de acción.
—¿Nada de lo que usted plantea en su plan de acción se hizo en la Ciudad?
—A ver: se hizo o no se hizo. Muchas cosas se hicieron. Es muy fácil cuando algo sale mal criticar todo. Yo tengo demasiada experiencia en la administración pública como para creerme que el mundo estaba esperando que yo dijera "sí, juro". También es cierto que a veces las cosas se diagraman bien y no se ejecutan o se ejecutan a medias.
—¿Qué pasa con el traspaso de la Policía y la Justicia a la Ciudad?
—Mi cargo tiene sentido si vamos a avanzar seriamente sobre una Policía de la Ciudad.
—Esa pelea por el traspaso viene desde el 97. ¿Por qué nunca se pudo resolver...?
—Es un tema complejo... Claro, usted me dirá por qué no lo hice yo cuando era ministro de la Nación...
—Obvio...
—Es que fue en el 2002 y ese no era, precisamente, un año tranquilo como para hablar de la desarticulación de una policía para crear otra.
—¿Pero cuál es la traba?
—Cuando llegue a ella, si la hay, se la cuento. Desde el punto de vista lógico no tiene que haber ninguna.
—Una última pregunta, ya en el terreno personal. El novio de su hija está internado. Estaba esa noche en el boliche de Once. Esto a usted lo tocó muy de cerca....
—Sí. Muy de cerca.
—¿Incidió en que aceptara el cargo?
—Yo fui a ver al novio de mi hija el lunes. Y él le dijo a ella: "tu viejo va a hacer algo". Parecía una premonición. Yo tengo cinco hijos, cuatro de ellos de entre 18 y 25 años. Son todos rockeros. Mi hija menor que tiene 12 años le puede cantar todas las canciones de Callejeros de memoria porque en mi casa son fanáticos de ellos. Le digo más, no es una casualidad que el novio de mi hija esté ahora internado: mi hija no fue al recital porque estaba con nosotros de vacaciones.
—No digamos capear, es muy petulante. Lo que sí es cierto es que me tocó hacerlo...
—¿Qué cosas cree que hizo bien en todas estas crisis?
—Enfrentarlas.
—¿Pudo cambiar algo?
—Creo que sí. Como dice Henry Kissinger, los gobiernos que resuelven crisis son los menos reconocidos porque no se sabe de qué nos salvaron ¿Quién va a reconocer el hecho heroico de que, a lo mejor, un inspector municipal nos salvó de un tema como la desgracia ésta de Once, hace un año? Nadie, hasta que pasa una cosa así.
—¿Lo sorprendió la llamada de Ibarra?
—Sí.
—¿Cómo evalúa lo ocurrido en Once?
—Obviamente, un hecho de esta magnitud se produce cuando converge más de una cuestión y entre las cosas que convergieron es la falta de control por parte del Estado.
—¿Hubo responsabilidad del gobierno de la Ciudad..?
—Creo que el Estado no cumplió con su tarea y cuando el Estado no cumple es responsable. Alguien puede decir: bueno, si no hubieran tirado una bengala... Es cierto. Pero lo que también es cierto es que es una responsabilidad por acción o por omisión y eso no se le puede permitir a un Estado.
—¿Se puede inferir, entonces, que hay una responsabilidad concreta de su flamante jefe, de Ibarra?
—No se puede inferir eso. Lo que yo digo es que el Estado debía haber controlado y no controló. Si el Estado no controla como corresponde, las posibilidades de que sucedan hechos desgraciados —ni hablemos de esta magnitud— son mucho más altas.
—Una de sus primeras reacciones, tras su designación, fue consultarlo con Kirchner, ¿por qué?
—Porque me pareció que un cargo de estas características, en este momento, debía contar con el conocimiento del Presidente de la Nación. Necesitaba, obviamente, contar con todo el apoyo político.
—La ronda de consultas también incluyó a Mauricio Macri, con quien usted tiene buena relación...
—Sí, le comenté que esto era lo que me habían ofrecido y que esto es lo que iba a aceptar. No lo llamaría ronda de consultas.
—¿Fue sólo eso?
—No puede ser otra cosa. Mi relación con él no da para que sea de otra manera. Yo tengo mi carrera política hecha en el peronismo de Buenos Aires.
—Tuvo apenas 48 horas para presentar su plan de seguridad ¿Se puede hacer esto con una Ciudad que por población y presupuesto es casi un país?
—Hay cuestiones que son de línea general. Después, otras que tienen que ver con el sentido común y luego hay otras cuestiones sobre las que, aun los que me critican, saben que alguna experiencia en el tema tengo. Por eso me resulta menos difícil elaborar un curso de acción.
—¿Nada de lo que usted plantea en su plan de acción se hizo en la Ciudad?
—A ver: se hizo o no se hizo. Muchas cosas se hicieron. Es muy fácil cuando algo sale mal criticar todo. Yo tengo demasiada experiencia en la administración pública como para creerme que el mundo estaba esperando que yo dijera "sí, juro". También es cierto que a veces las cosas se diagraman bien y no se ejecutan o se ejecutan a medias.
—¿Qué pasa con el traspaso de la Policía y la Justicia a la Ciudad?
—Mi cargo tiene sentido si vamos a avanzar seriamente sobre una Policía de la Ciudad.
—Esa pelea por el traspaso viene desde el 97. ¿Por qué nunca se pudo resolver...?
—Es un tema complejo... Claro, usted me dirá por qué no lo hice yo cuando era ministro de la Nación...
—Obvio...
—Es que fue en el 2002 y ese no era, precisamente, un año tranquilo como para hablar de la desarticulación de una policía para crear otra.
—¿Pero cuál es la traba?
—Cuando llegue a ella, si la hay, se la cuento. Desde el punto de vista lógico no tiene que haber ninguna.
—Una última pregunta, ya en el terreno personal. El novio de su hija está internado. Estaba esa noche en el boliche de Once. Esto a usted lo tocó muy de cerca....
—Sí. Muy de cerca.
—¿Incidió en que aceptara el cargo?
—Yo fui a ver al novio de mi hija el lunes. Y él le dijo a ella: "tu viejo va a hacer algo". Parecía una premonición. Yo tengo cinco hijos, cuatro de ellos de entre 18 y 25 años. Son todos rockeros. Mi hija menor que tiene 12 años le puede cantar todas las canciones de Callejeros de memoria porque en mi casa son fanáticos de ellos. Le digo más, no es una casualidad que el novio de mi hija esté ahora internado: mi hija no fue al recital porque estaba con nosotros de vacaciones.
El plan de Juan José Alvarez para terminar con la inseguridad en Capital
El flamante secretario de Justicia y
Seguridad porteño, Juan José
Alvarez, presentó ayer un extenso plan orientado a
reordenar las áreas a su cargo, entre las que se destaca la
revisión de las habilitaciones de todos los locales considerados
"críticos" y la intención de lograr el traspaso de la Policía y
los Bomberos a la órbita comunal.
La iniciativa involucra en tres amplios capítulos las propuestas referidas a "Seguridad Ciudadana", un "Programa de Justicia" apuntado a generar una mayor proximidad con el vecino, y una propuesta de "Reordenamiento del Control Comunal" dirigido revisar todas las habilitaciones de locales críticos de la Ciudad.
En ese último punto, el funcionario adelantó que impulsará la realización de una "auditoria integral" de los locales, que estará a cargo de un "organismo de control externo" a la administración porteña.
También, intentará la aplicación de un "nuevo proceso de habilitaciones" para que exista "una efectiva evaluación" de las condiciones de los establecimientos, pero con una "simplificación" de los trámites.
Las estaciones de servicio, geriátricos, hoteles, guarderías, shopping, estadios y grandes centros de eventos tendrán una "verificación documental exhaustiva de las habilitaciones", locales considerados "críticos", que tendrán que cumplir un "reempadronamiento".
Junto con la elaboración de detallados "planes de contingencia" de emergencia, el objetivo de Alvarez será lograr -de acuerdo a lo que fue incluido en el programa- el "traspaso de la Superintendencia de Bomberos" a la órbita de la Ciudad.
En el caso de la Policía, la iniciativa anuncia la "creación de una comisión interjurisdiccional de autoridades nacionales y locales" para "diseñar la planificación e implementar las acciones preparatorias para el traspaso de los servicios de seguridad" a la Ciudad.
Seguridad Ciudadana
Además, el plan involucra en el capítulo referido a la "Seguridad Ciudadana" la creación de un "Sistema de Atención de Emergencias", en el que funcionará un sistema de atención coordinada entre "Bomberos, Salud, Defensa Civil y Policía".
La nueva gestión también se abocará a redoblar la "fiscalización y complementación del sistema de seguridad privada", con un "reempadronamiento del personal" y creación de un "registro" para las custodias de "locales bailables, discotecas y establecimientos de concentración masiva".
En el plan, que hasta propone la "urbanización de villas" y tratamientos contra la violencia "familiar y escolar", refiere la "ampliación del Sistema Unificado de Registros Criminales".
Por último, en el capítulo referido a los planes sobre el ámbito de la "Justicia" comunal, Alvarez propuso el "traspaso de funciones correccionales y registros", y el establecimiento de una "justicia vecinal y mediación comunitaria", como así también la creación de "Casas de Justicia", con el objetivo de "lograr" que el servicio judicial esté "más cerca de la comunidad".
El extenso plan incluye, finalmente, el objetivo de lograr una "integración completa y jerarquización de la Justicia Contravencional" y se propone dar un nuevo "impulso del Código Procesal Penal de la Ciudad".
La iniciativa involucra en tres amplios capítulos las propuestas referidas a "Seguridad Ciudadana", un "Programa de Justicia" apuntado a generar una mayor proximidad con el vecino, y una propuesta de "Reordenamiento del Control Comunal" dirigido revisar todas las habilitaciones de locales críticos de la Ciudad.
En ese último punto, el funcionario adelantó que impulsará la realización de una "auditoria integral" de los locales, que estará a cargo de un "organismo de control externo" a la administración porteña.
También, intentará la aplicación de un "nuevo proceso de habilitaciones" para que exista "una efectiva evaluación" de las condiciones de los establecimientos, pero con una "simplificación" de los trámites.
Las estaciones de servicio, geriátricos, hoteles, guarderías, shopping, estadios y grandes centros de eventos tendrán una "verificación documental exhaustiva de las habilitaciones", locales considerados "críticos", que tendrán que cumplir un "reempadronamiento".
Junto con la elaboración de detallados "planes de contingencia" de emergencia, el objetivo de Alvarez será lograr -de acuerdo a lo que fue incluido en el programa- el "traspaso de la Superintendencia de Bomberos" a la órbita de la Ciudad.
En el caso de la Policía, la iniciativa anuncia la "creación de una comisión interjurisdiccional de autoridades nacionales y locales" para "diseñar la planificación e implementar las acciones preparatorias para el traspaso de los servicios de seguridad" a la Ciudad.
Seguridad Ciudadana
Además, el plan involucra en el capítulo referido a la "Seguridad Ciudadana" la creación de un "Sistema de Atención de Emergencias", en el que funcionará un sistema de atención coordinada entre "Bomberos, Salud, Defensa Civil y Policía".
La nueva gestión también se abocará a redoblar la "fiscalización y complementación del sistema de seguridad privada", con un "reempadronamiento del personal" y creación de un "registro" para las custodias de "locales bailables, discotecas y establecimientos de concentración masiva".
En el plan, que hasta propone la "urbanización de villas" y tratamientos contra la violencia "familiar y escolar", refiere la "ampliación del Sistema Unificado de Registros Criminales".
Por último, en el capítulo referido a los planes sobre el ámbito de la "Justicia" comunal, Alvarez propuso el "traspaso de funciones correccionales y registros", y el establecimiento de una "justicia vecinal y mediación comunitaria", como así también la creación de "Casas de Justicia", con el objetivo de "lograr" que el servicio judicial esté "más cerca de la comunidad".
El extenso plan incluye, finalmente, el objetivo de lograr una "integración completa y jerarquización de la Justicia Contravencional" y se propone dar un nuevo "impulso del Código Procesal Penal de la Ciudad".
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