—A usted, Juanjo
Alvarez, le tocó capear varias crisis en temas
de seguridad: en la Provincia, en Nación, ahora la Ciudad...
—No digamos capear, es muy petulante. Lo que sí es cierto es que
me tocó hacerlo...
—¿Qué cosas cree que hizo bien en todas estas crisis?
—Enfrentarlas.
—¿Pudo cambiar algo?
—Creo que sí. Como dice Henry Kissinger, los gobiernos que
resuelven crisis son los menos reconocidos porque no se sabe de
qué nos salvaron ¿Quién va a reconocer el hecho heroico de que, a
lo mejor, un inspector municipal nos salvó de un tema como la
desgracia ésta de Once, hace un año? Nadie, hasta que pasa una
cosa así.
—¿Lo sorprendió la llamada de Ibarra?
—Sí.
—¿Cómo evalúa lo ocurrido en Once?
—Obviamente, un hecho de esta magnitud se produce cuando converge
más de una cuestión y entre las cosas que convergieron es la
falta de control por parte del Estado.
—¿Hubo responsabilidad del gobierno de la Ciudad..?
—Creo que el Estado no cumplió con su tarea y cuando el Estado no
cumple es responsable. Alguien puede decir: bueno, si no hubieran
tirado una bengala... Es cierto. Pero lo que también es cierto es
que es una responsabilidad por acción o por omisión y eso no se
le puede permitir a un Estado.
—¿Se puede inferir, entonces, que hay una responsabilidad
concreta de su flamante jefe, de Ibarra?
—No se puede inferir eso. Lo que yo digo es que el Estado debía
haber controlado y no controló. Si el Estado no controla como
corresponde, las posibilidades de que sucedan hechos desgraciados
—ni hablemos de esta magnitud— son mucho más altas.
—Una de sus primeras reacciones, tras su designación, fue
consultarlo con Kirchner, ¿por qué?
—Porque me pareció que un cargo de estas características, en este
momento, debía contar con el conocimiento del Presidente de la
Nación. Necesitaba, obviamente, contar con todo el apoyo
político.
—La ronda de consultas también incluyó a Mauricio Macri, con
quien usted tiene buena relación...
—Sí, le comenté que esto era lo que me habían ofrecido y que esto
es lo que iba a aceptar. No lo llamaría ronda de consultas.
—¿Fue sólo eso?
—No puede ser otra cosa. Mi relación con él no da para que sea de
otra manera. Yo tengo mi carrera política hecha en el peronismo
de Buenos Aires.
—Tuvo apenas 48 horas para presentar su plan de seguridad ¿Se
puede hacer esto con una Ciudad que por población y presupuesto
es casi un país?
—Hay cuestiones que son de línea general. Después, otras que
tienen que ver con el sentido común y luego hay otras cuestiones
sobre las que, aun los que me critican, saben que alguna
experiencia en el tema tengo. Por eso me resulta menos difícil
elaborar un curso de acción.
—¿Nada de lo que usted plantea en su plan de acción se hizo en la
Ciudad?
—A ver: se hizo o no se hizo. Muchas cosas se hicieron. Es muy
fácil cuando algo sale mal criticar todo. Yo tengo demasiada
experiencia en la administración pública como para creerme que el
mundo estaba esperando que yo dijera "sí, juro". También es
cierto que a veces las cosas se diagraman bien y no se ejecutan o
se ejecutan a medias.
—¿Qué pasa con el traspaso de la Policía y la Justicia a la
Ciudad?
—Mi cargo tiene sentido si vamos a avanzar seriamente sobre una
Policía de la Ciudad.
—Esa pelea por el traspaso viene desde el 97. ¿Por qué nunca se
pudo resolver...?
—Es un tema complejo... Claro, usted me dirá por qué no lo hice
yo cuando era ministro de la Nación...
—Obvio...
—Es que fue en el 2002 y ese no era, precisamente, un año
tranquilo como para hablar de la desarticulación de una policía
para crear otra.
—¿Pero cuál es la traba?
—Cuando llegue a ella, si la hay, se la cuento. Desde el punto de
vista lógico no tiene que haber ninguna.
—Una última pregunta, ya en el terreno personal. El novio de su
hija está internado. Estaba esa noche en el boliche de Once. Esto
a usted lo tocó muy de cerca....
—Sí. Muy de cerca.
—¿Incidió en que aceptara el cargo?
—Yo fui a ver al novio de mi hija el lunes. Y él le dijo a ella:
"tu viejo va a hacer algo". Parecía una premonición. Yo tengo
cinco hijos, cuatro de ellos de entre 18 y 25 años. Son todos
rockeros. Mi hija menor que tiene 12 años le puede cantar todas
las canciones de Callejeros de memoria porque en mi casa son
fanáticos de ellos. Le digo más, no es una casualidad que el
novio de mi hija esté ahora internado: mi hija no fue al recital
porque estaba con nosotros de vacaciones.
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